Esta noche he soñado con mi hijo. Íbamos de la mano, andando. Él cojeaba y me decía…”Aita, ya sabes, que desde la enfermedad, ando mal. Me tropiezo. Ven conmigo” Me sonreía y seguíamos abrazados hacia delante; por un camino. Resulta que estos días me he lesionado una rodilla y lo he debido trasladar al sueño porque yo cojeaba con él. Él seguía hablándome y yo paladeaba cada una de las sílabas que emitía. ¡Echo tanto de menos su vocecilla! Sonaba como la recuerdo. Como si no hubieran pasado casi 10 años sin haberla oído…

Y entonces me he despertado. Feliz y encogido. He mirado el reloj. Eran las 4:30 am. Todavía en medio de la nebulosa he oído algo. Era una carcajada suya. Me he levantado y he ido a su cuarto. Sí era él, con una sonrisa de oreja a oreja. “¿Qué enano? ¿Tú también has soñado conmigo?” Me ha respondido con una nueva carcajada y con sus ojos brillando, que es su manera de hablar desde que las palabras ya no salen.

¿Son tan importantes los sueños, verdad? Tanto los que soñamos despiertos como cuando estamos dormidos.

Hoy yo he vivido ese cacho del camino con mi hijo. Y hemos charlado y abrazado, y nos hemos reído. Y ha sido tan real, que ya no; ya, no olvido.

© Mikel Renteria. Año 2019