WOPeak

‘Al ochomil en ocho pasos’. Así surge WOPeak, nuestro proyecto de alpinismo.

Un proyecto de equipo que entiende el alpinismo como una escuela de vida en la que el compromiso, la tenacidad, el esfuerzo, el compañerismo, la superación y la emoción tienen la máxima expresión.  Un proyecto de excelencia deportiva desde los valores más enraizados en la montaña.

El equipo alpino está formado por Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza.

WOPeak

‘Al ochomil en ocho pasos’. Así surge WOPeak, nuestro proyecto de alpinismo.

Un proyecto de equipo que entiende el alpinismo como una escuela de vida en la que el compromiso, la tenacidad, el esfuerzo, el compañerismo, la superación y la emoción tienen la máxima expresión.  Un proyecto de excelencia deportiva desde los valores más enraizados en la montaña.

El equipo alpino está formado por Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza.

Las ocho etapas

En julio de 2010 empezó el desafío: ‘Al 8.000m en 8 etapas, llevando la bandera WOP’

Esta primera etapa comenzó en el Gorbeia (1482m), la montaña mas emblematica de Bizkaia y Araba, todo un símbolo.

Cima en la que confluyen los antiguos reinos de Navarra, Aragón y el Vizcondado de Bearne (Francia), de ahí su nombre. Es la montaña más alta de Euskal Herria y una de las más míticas.

El pico Taillón, también conocido como punta Negra, es una cumbre de Los Pirineos situada en la frontera entre España y Francia, dentro del Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido.

En 2012 se logró la cuarta etapa con la subida al volcán Copacollo en Chile (4.835 m).

En esta etapa se completó el ascenso a un 5.000, el Nido de Cóndores (5.570m). Desde aquí se ascendió al Aconcagua (6.960m), la cima más elevada en América.

En el verano de 2014, Iñurrategi, Vallejo y Zabalza se proponían a coronar la inexplorada cara Sur del Paiju Peak, un coloso de 6.610 metros con un pilar vertical de más de 1.000 metros que implica vivaquear en la misma pared a medida que se asciende, en el llamado ‘estilo cápsula’, es decir, instalando campamentos colgantes, tiendas o hamacas mientras se progresa en altura ya que, una vez se ha entrado en la pared, no se vuelve a tocar el suelo hasta finalizar la vía.

Porque en la pared Sur del Paiju Peak se camina poco y se escala mucho y duro. “Cada largo ha sido una pequeña aventura. Nos ha costado mucho más de lo que pensábamos. Ha sido muy exigente; la escalada más dura hasta la fecha de mi trayectoria”, recuerda Mikel Zabalza, quien ha definido la pared “como un Capitán metido en el Karakórum”, donde se mezcla la pericia de la escalada acrobática con los peligros y la dureza de las condiciones de estas altas montañas.

El equipo tuvo que modificar sobre la marcha el objetivo, ya que, una vez conseguido el extraordinario logro de la cima de la torre de 6.100 metros, donde abrieron la primera vía de esta pared, pudieron comprobar que el tramo hasta la cumbre estaba dominado por un terreno mixto de roca, nieve y hielo sometido a continuos desprendimientos, y de una peligrosidad extrema, que representaba casi un suicidio después de 10 intensas jornadas de escalada al límite. “Contrariamente a lo que pensábamos, el buen tiempo no ofrece las mejores condiciones para esta escalada. El buen tiempo hace que el hielo se transforme rápidamente y se mojen las fisuras, con lo que la roca queda menos sujeta y empiezan a caer piedras junto a trozos de hielo y nieve. Se convierte en un terreno muy peligro. Es, de hecho, más peligroso que difícil y eso que planteamos una ruta que parecía la más lógica y la más segura”, apunta Iñurrategi.

La aventura se inició el 23 de junio de 2014, día en el que los tres montañeros partieron con rumbo a Pakistán, y siete días más tarde instalaban su Campo Base al pie del Paiju, a 3.400 metros de altitud. Tras unas jornadas de aclimatación y de porteo del material necesario para la escalada hasta los 5.200 metros a pie de pared, seguidas del imprescindible periodo de recuperación y de análisis de las previsiones meteorológicas, Iñurrategi, Vallejo y Zabalza afrontaron el 19 de julio el reto de intentar abrir una vía por una pared inexplorada de una de las montañas más espectaculares de la cordillera del Karakórum.

Tras nueve días literalmente colgados de una pared de roca vertical, y de un accidente con una roca desprendida que obligó a Juan Vallejo a renunciar a hacer cumbre, Iñurrategi y Zabalza lograron el 26 de julio coronar la torre principal de esta vertiente Sur del Paiju Peak.

Otoño de 2015, el equipo WOPeak con Iñurrategi, Vallejo y Zabalza partía el 19 de septiembre de 2015 hacia Nepal con muy poca información disponible sobre el imponente monte que se levanta en el valle de Hunku, que también contempla al Everest. Tan sólo 5 expediciones previas habían conseguido hacer cima en el Chamlang, con lo que sólo 18 personas habían pisado la cima principal de esa montaña a lo largo de la historia del alpinismo.

Basándose en las pocas fotos disponibles y los escuetos relatos de las escasas expediciones anteriores, la expedición viajaba con el ingrediente añadido de la exploración necesaria previa a su intento de ascensión a la cumbre. El plan tejido desde casa, a la vista de las fotografías previas, era atacar la cara Norte. Tras la exploración llevada a cabo esta opción fue descartada en el estilo alpino. “Después de haber analizado todas las opciones que nos planteábamos desde casa y de haber comprobado in situ las condiciones de todas ellas, creemos que la opción de escalar la arista oeste de la montaña es la que ofrece más posibilidades de éxito. Hacerlo además en estilo alpino colma sobradamente las aspiraciones de la expedición”, explicaba Juan Vallejo. Lo decía inmediatamente después de finalizar el proceso de aclimatación tras subir al tremendamente estético Hongku Chuli Nup (6.764 m).

La decisión partía de una premisa básica para la cordada: la expedición se haría en estilo alpino, sin cuerdas fijas, sin campamentos de altura, tan sólo Alberto, Juan y Mikel con el equipo básico que les cabía en sus mochilas, incluyendo sus sacos y una tienda para vivaquear en la aproximación y en el retorno. La vía elegida sólo había sido realizada en el año 1986 por una expedición japonesa en estilo pesado con 17 alpinistas y 4.000 metros de cuerdas.

Habían recibido un parte de meteorológico poco claro, pero habiendo completado la aclimatación, decidieron salir del campo base el 18 de octubre. Tenían por delante la larga arista oeste que se desveló como un tránsito más comprometido de lo esperado. “La arista nos sorprendió mucho. Es muy afilada, muy expuesta, con mucho ambiente. Además, tuvimos fuerte viento. Hubo que estar muy atentos en todo momento”, recuerda Juan Vallejo. Tras recorrer la arista, vivaquearon esa noche a 6.600 metros de altura. “Esa noche hizo muchísimo viento, por la mañana recogimos con toda la intención de ir hacia abajo”, desvela Mikel Zabalza. Pero cuando todo estaba preparado para bajar, el viento amaina un poco y deciden intentar subir a cima. “Al principio, encontramos de nuevo mucho viento además de muy malas condiciones de nieve, pero posteriormente entramos en un corredor en el que estábamos más protegidos y las condiciones de nieve mejoraron”. Ese corredor los llevaría a la cima el mediodía del 19 de octubre, justo un mes después de su partida. “Llegamos a la cima con mucho viento y frío, muy contentos de haber tomado la decisión acertada” declara Zabalza.

El proyecto WOPEAK finaliza 7 años después de su comienzo; y lo hace con el rescate del alpinista Valerio Annovazzi como octava etapa.

En 2016 Alberto, Juan y Mikel decidieron que el octavo paso sería en los Gasherbrum. No pudo ser, por el estado de la nieve en las rutas elegidas. En 2017 lo intentarían de nuevo. La aclimatación fue muy rápida pero la gran acumulación de nieve y la meteorología volvían a complicarse en Karakorum.

Comenzaron los intentos de ataque a cima. El nivel de compromiso era muy alto en la ruta, pero fue la meteorología la que hizo desistir a la cordada del intento tras dar todo lo que tenían dentro. El nivel de riesgo era excesivo. Bajaban a campo base con mucho “bajonazo”.

Y entonces la llamada que se entrecortaba de Juan. “Mikel, tenemos que restablecer el teléfono satélite de mano” “Os pasa algo? Estáis bien?” ”Salimos para arriba, hay una persona en dificultades en Campo3 de la vía normal del GII”. Después días de enorme tensión. La llamada desde el Campo 3. “Mikel está vivo! Le bajamos a campo2” y el final feliz del día siguiente cuando consiguieron bajar a Valerio Annovazzi al campo base de los Gasherbrum.

Esa es la cima en la que creemos desde The Walk On Project y el fundamento de fondo de WOPEAK. No hay cima más importante: La Vida; el propio camino. No hay reto más importante que hacerlo con autenticidad, tratando de ser fieles a tus valores, reconociendo tus limitaciones y errores, aprendiendo de ellos y superándolos. La vida como principal compromiso. Compromiso con la propia vida y con la que está en nuestras manos salvar.

Estaba claro. No había cima más alta. WOPeak debía finalizar ahí; en ese campo base de los Gasherbrum repleto de sonrisas entre el agotamiento; repleto de vida.

Y así termina este viaje; como comenzó: Dando vida cuando apenas había esperanza. Gracias a tantos y tantos que habéis hecho posible esta larga etapa. Habilitando y haciendo posible que el camino siga. Termina comenzando a andar nuevos caminos.

“Porque la vida es un ciclo que no acaba; nos ponemos en marcha”

El equipo alpino

Alberto Iñurrategui
Alberto Iñurrategui
Un icono del alpinismo vasco y una referencia en el panorama de las grandes montañas. Su compromiso y dedicación para con el mundo de la montaña sufrió el mayor de los varapalos en el año 2000, cuando desapareció su hermano Félix durante el descenso del Gasherbrum II. Con todo, se convirtió en el alpinista más joven en adjudicarse lo 14 ‘ochomiles’ firmando junto a Jean Christophe Lafaille la primera repetición de la arista este del Annapurna. Extremadamente crítico con la banalización periodística del mundo de la montaña, Alberto ha sabido transmitir el valor del alpinismo a través de cuidados documentales, libros y diaporamas que revelan su profundo respeto por un actividad que mal entendida y explicada pierde sin remedio su valor.
Juan Vallejo
Juan Vallejo
En su caso, el alpinismo es casi una herencia genética, puesto que su padre, Ángel, participó en las primeras expediciones vascas al Everest en los años 70. Después, Juan se ha apuntado nueve de los 14 ‘ochomiles’ sin perder nunca de vista la escalada en roca o hielo hasta convertirse en uno de los alpinistas más consistentes del país. Exhibe un currículo que se extiende desde la Patagonia hasta el Himalaya, pasando por las paredes de referencia del planeta. Su fortaleza y su experiencia le convierten en un compañero de cordada excepcional, en aquél que todos quieren tener al lado cuando la situación se complica. Bombero de profesión, en excedencia desde 1999, espera jubilarse, sin embargo, como alpinista.
Mikel Zabalza
Mikel Zabalza
A tiro de piedra de su casa, Mikel Zabalza encuentra las paredes de Etxauri, donde acude para entrenarse. “Qué suerte estar aquí, un día cualquiera”, suele exclamar, reflexión casi inesperada por parte de un hombre que ha perdido la cuenta de los años que lleva escalando estas paredes. Pocos como él para apreciar cada día pasado en montaña, en una pared, en un glaciar… días únicos, valiosos, que le convierten en un alpinista apasionado. Autor de incontables aperturas, aún más repeticiones y con un currículo de vértigo, el gran Jordi Corominas le señala como el mejor alpinista del país, título que jamás aceptaría o que acogería con una carcajada de sincera y auténtica modestia. Director del Equipo Español de Jóvenes Alpinistas, sus alumnos elogian tanto su motivación y experiencia como su serenidad, atributos que le colocan como el mejor ejemplo a seguir.